9 de junio de 2009

Mi salida de Cuba. Capítulo 1

Siguiendo la recomendación que hace Enrisco para "contar [nuestra] historia", que Verónica nos presenta en Evidencias, me dispongo a rememorar esa parte de mi vida que trata sobre mi salida del país. Dado que, como tantas cosas en esta vida, ese fue el final de un proceso gradual de cambio de mentalidad, voy a comenzar por dicho proceso. Posteriormente relataré los trámites en Cuba relativos a mi salida y más adelante los trámites para instalarme en España. No es nada interesante. Es una historia más entre millones, pero lo hago como remedio contra mi desmemoria.
Voy a empezar bien atrás, en los años 80.
Ya desde mucho antes del período especial tenía claro que el sistema de gobierno en Cuba y la manera en que estaba concebido no me gustaba, no era lo que quería para mí ni para mi país. No recuerdo exactamente el comienzo de mi -paulatino- cambio de parecer pero se encuentra en algún instante entre el 3º y el 4º año de la universidad, o sea, entre 1987 y 1988. Recuerdo perfectamente los primeros encuentros con mis viejos amigos del preuniversitario que, estudiando en la URSS y sus países satélite, venían por primera vez de vacaciones a la isla. Eso ocurrió en el verano de 1987. Ellos hablaban de países fracasados, con sociedades hipócritas donde reinaba la pobreza material y la doble moral y me aseguraban que todo lo que yo -sinceramente- profesaba hasta entonces era una farsa, una mentira. Yo escuchaba simplemente atónito. No podía creerlo.
En septiembre de 1987, comencé una relación con la hija de una señora que ostentaba entonces un alto cargo en el gobierno, un cargo más bien oscuro y sin mucho nombre (posteriormente llegaría a convertirse en ministra, también sin demasiado renombre y peor desempeño). Gracias a mi novia y su familia conocí algunos de los privilegios de la clase dominante, “los poderosos”. Y supe que entre los poderosos también tienen clases, los poderosos de abajo e intermedios no tienen acceso a los mismos servicios y privilegios que los poderosos de arriba, e incluso poderosos de igual rango disfrutan de privilegios distintos, según su esfera de influencia. Los descendientes de este linaje ven sus privilegios y prebendas como algo normal, nacieron con ello y forma parte de su vida (y por eso creo que su grado de culpabilidad es bajo, pero no es el cometido de este escrito juzgar a nadie). Sólo los que venimos de afuera, especialmente si éramos pobres como yo, se fascinaban en ese contexto. Y en esa familia -perteneciente digamos a los “poderosos intermedios”- conocí los llamados “cables”. Se trataba de una publicación con formato tabloide -no recuerdo su periodicidad- que existía por esos años (no sé si aun existe), donde se recogían despachos de las agencias internacionales de prensa, noticias y algunas columnas y editoriales de la prensa internacional. No trataba especialmente sobre Cuba sino sobre asuntos internacionales, aunque Cuba también aparecía. Nada de esto salía en los periódicos oficiales destinados a la población, ya que si “el pueblo” recibía esta avalancha de información real podía ser “confundido”. Era, por tanto, una publicación destinada a personas confiables, los poderosos, y no al pueblo en general. Gracias a esta publicación -que leía a escondidas de la señora poderosa (pero con el consentimiento de su hija, que sabía que yo la disfrutaba)- conocí muchos entresijos de asuntos y conflictos internacionales de entonces como la guerra Irán-Irak, los cárteles de la droga en Colombia, otras noticias y editoriales sobre América Latina, EE.UU., Europa, etc. Menciono este pasaje de mi vida porque tiempo después me he dado cuenta la importancia que tuvieron tanto el conocer -y disfrutar- los privilegios de la élite, como la lectura de los “cables” en el cambio que ya se venía gestando en mi forma de pensar.
Por otro lado comenzaban a llegar por aquel entonces las primeras noticias sobre la Perestroika y la Glásnost que sucedían en la URSS. Otro amigo, que estudiaba en Cuba y nunca había viajado, me recomendó leer el semanario “Novedades de Moscú” (hasta entonces un libelo reservado a los más fervientes seguidores de la ortodoxia soviética y que yo jamás había leído). Cada viernes lo reservaba en el estanquillo que había a la entrada del hospital Calixto García y más de una vez llegué a pagar 1 peso por un ejemplar que costaba exactamente veinte veces menos (0,05 pesos, un “medio”). Gracias a esta publicación, entonces inspirada por el espíritu de transparencia propio de la Perestroika, conocí de cerca la verdadera naturaleza del sistema soviético, los crímenes de Stalin, el resurgimiento de las nuevas mafias rusas, la sordidez de los servicios secretos soviéticos, incluso la frivolidad del primer concurso de Miss Rusia… Sin darme cuenta me fui llenando de una gran ilusión, la ilusión porque pudiera ocurrir en mi país un fenómeno similar. Esta ilusión se hizo mucho más fuerte cuando, poco tiempo después y como parte del mismo proceso, caía el muro de Berlín y uno a uno, como fichas de dominó, los regímenes comunistas satélites de la URSS se desmoronaban en un corto período de tiempo.

24 de octubre de 2008

El Benny

Recientemente he visto la película El Benny y reconozco que no me disgustó, sin embargo, expondré aquí unas cuantas de mis impresiones sobre el filme.

  • El guión no es del todo malo. Pero el espectador (al menos yo) se pierde por momentos en la línea temporal de la película, no se le hace saber si la escena que está presenciando pertenece al presente o es un flashback. Incluso a veces no se ofrecen suficientes claves o las que se ofrecen son contradictorias, para conocer lo que está ocurriendo exactamente. Por citar sólo un ejemplo (se me ocurren más, pero es plan contar la peli) la escena en que Benny reconstruye la casa familiar; me enteré de qué se trataba por la sinopsis que he leído hoy, porque lo único que muestra la película es un andamio en tercer plano, la palabra albañiles y cuatro borrachines jugando al dominó. Y eso que, al parecer, se trataría de una escena dramáticamente importante pues Benny contradice la voluntad mística del abuelo. Hoy, leyendo la sinopsis, descubro que el guión está coescrito entre el director Jorge Luis Sánchez y el dramaturgo Abraham Rodríguez ("Andoba", "Un bolero para Eduardo", etc.) quien fuera mi amigo, fallecido hace relativamente poco y que reincide en estas peculiaridades a través de su obra.

  • Hay detalles prescindibles, algunos no porque estén mal llevados sino porque vienen a ser un llover sobre mojado en una cinematografía postrevolucionaria sobrecargada políticamente. Creo que no le vendría nada mal a esta película despojarse de su carga política, que no es mucha, pero suficiente para emitir una interjección de molestia ("¡uffff!, aquí está otra vez"). Al hilo de lo anterior hay escenas que sobran como cuando Benny se enfrenta, dialécticamente eso sí, al policía batistiano que detiene a unos amigos. Una re-edición sería suficiente pues, como dije, la carga política no es mucha.

  • Muchas de las actuaciones son pésimas, incluyendo las del actor protagonista Renny Arozarena (mención especial de ineptitud para la actriz en el papel de la última pareja del Benny, Limara Meneses, como dicen en Andalucía, pa' echarle de come' aparte). Este actor, desconocido para mi que vivo fuera de Cuba hace 12 años, realiza una magnífica actuación en las escenas de canto, con un excelente doblaje de la voz y de la gesticulación del Benny (se nota que se estudiaron al personaje), pero estropea este buen trabajo en las escenas de diálogos (la mayoría), hasta el punto que el espectador (al menos yo) tiene la sensación de que son dos personas diferentes, uno dentro y otro fuera del escenario. Como siempre, la actuación y la prestancia de Enrique Molina, omnipresente últimamente en el cine cubano, es de lo mejor de la película, muy creíble, está en su lugar y sin excesos (¿alguien recuerda su papel de sandinista en "En silencio ha tenido que ser 2ª parte"?, trabajó hasta el acento nicaragüense).

  • A mi juicio, se podría haber explotado más la vis cómica de la recurrencia de ese niño rico, aprendiz de político, en contratar a Benny y que una y otra vez se queda esperándolo para que actúe en su cine.

  • Las actuaciones están lastradas por una forma de hablar, unas gesticulaciones y un vocabulario totalmente anacrónico. El hecho de que en la actualidad la dicción, la gesticulación y el léxico de los cubanos y en especial de las clases más bajas (o sea, casi toda la población, ya conocemos eso de la igualdad), se haya empobrecido hasta límites incluso peligrosos, no quiere decir que siempre fuese así, que en la Cuba de la película se hablara con ese vocabulario, esos giros, esa bravuconería y esos aspavientos barriobajeros. A este respecto, no le habría venido nada mal a los actores y realizadores echarle una ojeada a películas cubanas más antiguas, no necesariamente anteriores a 1959. Un buen ejemplo: "La muerte de un burócrata".

  • Lo mejor: La edición y el montaje, con simultaneidades bien logradas y que consiguen un buen ritmo, aunque sosegado, a pesar de lo citado antes sobre las claves temporales. Toda la película muestra frescura y se ve con deleite, dejando un buen regusto al terminar. Además, y para mí ese es el gran valor de esta película, rescata a ese personaje imprescindible en la música cubana, quien sin estudios musicales de ningún tipo, conseguía que "mi banda, mi tribu" ejecutara los acordes cómo a él le sonaban, los dirigía con maestría con su bastón y consiguió aunar talento con popularidad y éxito comercial. Consigue, lo cual no sólo es éxito de la película sino del auténtico Benny Moré, que nos percatemos de la gran vigencia de su música y su voz en medio de una invasión de mal gusto musical, de ideas simples y poco trabajadas y de escasez de talento que muestra la música comercial y bailable actual.

Una última cosa: ¡Como pasan los años, ni un amor platónico de mi juventud como Isabel Santos se salva, ni siquiera con el maquillaje!


Un saludo amigos.

5 de febrero de 2007

Transferencia ING II (El embargo)

Continúo
En mi caso, el concepto de la transferencia decía textualmente "Para envío a Cuba". Al parecer esta fue razón suficiente para que la transferencia no franqueara los "controles de seguridad" de City Bank.Una breve explicación: sencillamente el ciudadano alemán al cual le había enviado el dinero realizaría un viaje a Cuba en Navidades llevando el dinero consigo en su mano para mi familia (o para lo que él estimara conveniente, eso entra dentro de su vida privada). Pero, y este matiz es importante, en ningún caso el dinero llegaría a Cuba a través de una operativa interbancaria. Por tanto, en lo que a los bancos incumbe, los fondos habían sido enviados desde España hasta Alemania, punto y final.
La gestora de ING Direct Dª María Corraliza, no pudo explicarme con certeza (o no quiso) los motivos de la negativa de City Bank, pero en nuestra charla convenimos que probablementee se debiera a las leyes del embargo norteamericano sobre el régimen de Cuba y (añado yo) a las medidas de la administración Bush contra el envío de remesas a Cuba y quizás ¿por qué no? a la Patriot Act
En un principio, posiblemente ante mi enfado y su impotencia, se ofreció a enviarme los e-mails recibidos desde City Bank, pero al día siguiente excusó en órdenes superiores su negativa a remitírmelos. No obstante, y en esto se mostró tajante, City Bank no tenía ningún derecho a mantener retenidos esos fondos durante tanto tiempo, omitiendo cualquier aclaración y sin respuesta a las múltiples solicitudes de explicación que se le enviaron desde ING Direct.
Se me ocurre que algún oscuro funcionario bancario haya visto en la palabra "Cuba" la posibilidad de ascender en su escala laboral enviando sus informes a las agencias de seguridad americanas ante este “obvio movimiento de capitales con oscuros fines”. Incluso se me ocurre la vigilancia directa a que nos deben haber sometido (a mí y al receptor de la transferencia) a través de Red Echelon.

3 de febrero de 2007

Transferencia ING Direct I (El susto)

El día 18 de diciembre de 2006 realicé una transferencia bancaria internacional en zona Euro por 500 € a una cuenta abierta a nombre de una persona física, ciudadano alemán, en una entidad financiera alemana. La transferencia se emitió desde mi banco, ING Direct, con sede en España (donde resido) hasta el banco del receptor, entidad con sede en Alemania. El día el 23 de diciembre de 2006, cinco días después de haberla emitido y momento en que el receptor me comunica que aun no había recibido el dinero, comienza mi intercambio con el servicio telefónico de ING Direct al número 901 105 115 pero, día tras día, una y otra vez no podían o no querían brindarme una explicación, ni racional ni irracional, ¡nada! "ya le llamarán del departamento correspondiente". Tampoco conseguí hablar nunca con teléfono del departamento de calidad (atención al cliente) de ING Direct al número 901 129 999, todas las veces que lo intenté (más de diez) la llamada se colgó automáticamente sin conseguir hablar con un operador in flesh and blood y aumentando, consecuentemente, mi malestar. No es difícil imaginar el susto, especialmente para una personalidad como la mía, cubano además, por tener 500 € desaparecidos en el ciberespacio. De acuerdo, no es un capital pero... En cualquier caso, la lógica y la experiencia me decían que tendrían que aparecer, sobra decir que la orden de transferencia, emitida a través de los servicios web de ING Direct, estaba totalmente correcta, sin errores tipográficos ni de ninguna otra índole. Sabía que tarde o temprano el dinero aparecería pero ¿cuándo? ¿dónde?. Esta semana, 42 días después de la emisión, los fondos me fueron devueltos sin haber llegado nunca a su destinatario. ¿Por qué? Continúe leyendo.
El día 29 de enero de 2007 me llama una operaria de mi banco, Dª María Corraliza, aparente molesta ella también con lo que había sucedido, para ofrecerme una explicación: Según ella, una práctica extendida en todo el mundo es utilizar bancos intermediarios para la administración de transferencias internacionales. En este caso el intermediario fue City Bank. Este banco, cuya casa matriz radica en los EE.UU. ha mantenido retenida la transferencia durante todo este tiempo haciendo caso omiso a los intentos reiterados por parte de mi entidad, siempre según María Corraliza, para que aportara una respuesta y/o devolviera los fondos. No ha sido hasta 42 días después que City Bank ha devuelto el dinero y ha brindado lo que ellos consideran es una aclaración. El error estaba... ¡en el concepto de la transferencia! Sí señores, ¡el concepto de la transferencia!, ese elemento que incluso puede dejarse sin rellenar o escribir “la puta que te parió”, “feliz Navidad” o cualquier sucesión ininteligible de números y letras.

Continuará...